Marwan: A Soul in Exile (Un alma en exilio)
Sede de Christie’s, Londres, UK
16 de julio – 22 de agosto de 2025
Hace un par de semanas visité Marwan: A Soul in Exile en Christie’s Londres — una cita imprescindible si estás en la ciudad este verano. La exposición, que estará abierta hasta el 22 de agosto, celebra a Marwan Kassab-Bachi (1934–2016), uno de los artistas árabes más influyentes y de mayor reconocimiento internacional en el arte moderno y contemporáneo.
Descubrí la muestra gracias a un impactante cartel en el metro de Londres. La reproducción de una de sus obras me llamó la atención y decidí visitarla una semana después. Forma parte de la tercera muestra de arte árabe en Christie’s y se centra en el pintor sirio, que se trasladó a Alemania a finales de los años 50. Influenciado por el Expresionismo Alemán y los artistas Neue Wilde, y a la vez profundamente ligado a su herencia siria, Marwan exploró la identidad, el exilio y la condición humana a través de una fusión única de estilos.
Marwan es conocido por reinventar el retrato como un espacio de exploración psicológica. Sus “paisajes faciales” — construidos con cuatro o cinco tonos para sugerir piel y emoción — transforman la cabeza en topografías ondulantes, auténticas puertas metafísicas hacia el alma. Enraizado tanto en el movimiento nacional sirio como en la tradición poética sufí, su obra aborda temas de territorio, identidad y espiritualidad.
Distribuida en dos plantas, la exposición comienza en la planta baja con sus primeras obras (1957–1963): paisajes oníricos y sombríos poblados de figuras distorsionadas, reflejo de su aislamiento como recién llegado al Berlín de posguerra. Inicialmente atraído por el Expresionismo Abstracto y el Tachisme francés, poco a poco se orientó hacia la figuración, usando a menudo su propio cuerpo como modelo. Estas obras transmiten la vulnerabilidad del exilio y le valieron un lugar en la Galerie Springer en 1967.



Entre 1963 y 1973, Marwan se centró en dibujos y acuarelas: estudios contemplativos de figuras humanas fragmentadas, a veces rozando lo absurdo. La repetición en estas piezas evoca el ritual sufí, donde el ritmo conduce a la transformación interior. Tras la Guerra de los Seis Días en 1967, pintó figuras veladas con kufiyas, pañuelos y telas, condensando el peso del conflicto, el exilio y el dolor colectivo en poderosos símbolos.











Los primeros años 70 marcaron un punto de inflexión. Una beca en la Cité Internationale des Arts de París en 1973 introdujo en su paleta tonos más cálidos y ricos — entre ellos un carmesí barroco — y dio lugar a su serie más icónica, los Facial Landscapes. En ellos, nostalgia y geografía se fusionan, transformando rostros en paisajes interiores. Me gusta especialmente cómo estas obras insinúan los contornos de su paisaje natal damasceno, en particular el monte Qasioun — no representado directamente, sino sugerido en la curva de una ceja, la pendiente de una mejilla o las líneas de una frente.

Su retrospectiva de 1976 en la Orangerie Charlottenburg consolidó su posición en la escena artística berlinesa. Sin embargo, las obras de la planta baja me parecieron más conmovedoras: más vinculadas a Siria, cargadas de referencias políticas, y me impactaron más profundamente a pesar de no ser tan conocidas.

En la planta superior, las obras de finales de los 70 en adelante muestran un giro hacia el bodegón y el motivo recurrente de la marioneta — metáfora de la teatralidad, el control y la soledad. En los 80, tras la muerte de su hermana, los rostros se alargaron verticalmente y miran de frente al espectador con solemne franqueza, pintados en densas capas y sin bocetos previos. Esta planta también destaca la influencia de Marwan como mentor de una generación de artistas árabes procedentes de Beirut, Gaza, Damasco y Bagdad.




Es raro poder contemplar juntas obras de este calibre, reunidas de tantas colecciones distintas. Sus pinturas de los años 60 me atraparon por su crudeza, sus trabajos sobre papel demostraron su gran dominio del dibujo, y sus retratos posteriores, rigurosos y construidos con pocas tonalidades, revelan cómo encontró su voz y la desarrolló hasta influir en toda una generación de artistas.


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