TERRITORIOS: Arte Latinoamericano Contemporáneo en la Colección de Jorge M. Pérez
CAAC, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla, España
2 de marzo – 1 de septiembre de 2024
Durante mi visita a Sevilla la semana pasada, existí a una exposición de arte temporal titulada TERRITORIOS – Arte Latinoamericano Contemporáneo en la Colección de Jorge M. Pérez, en el CAAC, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, ubicado en el Monasterio de la Cartuja (Monasterio de Santa María de las Cuevas).
La exposición presenta una selección de obras de más de 50 artistas latinoamericanos contemporáneos. Comisariada por los temas en los que estos artistas eligen enfocarse con su trabajo. Resalta la pluralidad sociocultural de América Latina y sus preocupaciones en relación con la política, las fronteras, la desigualdad, la etnicidad y la integración con la naturaleza, entre otros. Incluyendo una sala de arte abstracto un poco más difícil de categorizar en relación con estos temas.
La colección que se muestra pertenece a Jorge M. Pérez (1949), conocido por su asociación con una de las instituciones de arte más prestigiosas de los Estados Unidos, el Museo de Arte Pérez de Miami (PAMM). Pérez nació en Argentina de padres cubanos y se crió en Colombia. Residente de Miami desde 1968, es un empresario y filántropo que comenzó a coleccionar arte a una edad temprana para mantener una conexión con sus raíces hispanoamericanas y su herencia cultural.
Al ingresar a la exposición de arte, las primeras obras que nos recibieron fueron de ‘Colour is my business, 2012-2016’ de Alexander Apostol (Venezuela, 1969), una serie de 12 fotografías que identifican los colores de los partidos políticos venezolanos. Me recordó a las obras vibrantes de artistas brasileños como Hélio Oiticica, una forma alegre de comenzar la muestra de arte.

En la primera sala, también hay una instalación de arte en el suelo de María Nepomuceno (Brasil, 1973), que incorpora tejidos, cerámica, madera y vidrio. Establece una relación entre el cuerpo y la naturaleza, reflexionando sobre la memoria y promoviendo un encuentro entre pasado, presente y futuro.

Otra pieza que llamó mi atención fue ‘Las ratas muertas no abren la boca, 2014’ de MORIS (Israel Meza Moreno) (México, 1978). Su trabajo ofrece una visión de la cultura urbana cotidiana, integrando diversos códigos sociales de la calle.

Otra sala titulada ‘Cartografías del Espíritu’ explora la intersección territorial y los límites socio-políticos, con obras como ‘Tablero, 2014,’ de Mateo López (Bogotá, Colombia, 1978), reflexionando sobre la identidad y la memoria.

En el pasillo central, ‘Vertical 19 – da serie Marcados, 1983’ de Claudia Andujar (Suiza, 1931) retrata a los Yanomamis en la cuenca del río Catrimani en Brasil, mostrando su integración con la naturaleza.

Una sala aparte presenta ‘Eu, mestizo, 2017’ de Jonathas de Andrade (Brasil, 1982), explorando el mestizaje, la etnicidad y la clase en América Latina. Andrade desmonta el mito de la democracia racial en Brasil con una serie de imágenes de hombres y mujeres en contraste con los adjetivos extraídos del libro ‘Raza y Clase en Brasil Rural’, publicado en la década de 1950 por la Universidad de Columbia y la UNESCO, situando los problemas raciales en una perspectiva histórica que está lejos de ser resuelta.

La sala titulada «Yo, mi, me, conmigo» estuvo dedicada al género y la identidad, dos temas entrelazados y objetos de activismo y discusión en América Latina. Herman Bas (Miami, 1978), por ejemplo, aborda temas de identidad y pertenencia. Bas desafía las expectativas de género convencionales y descontextualiza objetos para provocar reflexión.

‘Panorama Catatumbo, 2018’ de Nohemi Pérez (Colombia, 1964), una obra de carbón sobre tela, representa territorios afectados por un desarrollo desigual y conflictos internos.

Otra obra que llamó mi atención fue ‘Manto I’ de Alice Wagner (Lima, Perú, 1974), que se centra en el poder y la colonización, donde combina diferentes medios y técnicas como reflejo y confrontación entre las culturas indígenas y europeas y cómo estas interacciones han influenciado la identidad peruana. En la misma sala, también encontré destacado el trabajo de Claudia Coca (Lima, 1970), donde utiliza dibujos que simulan portadas de National Geographic, que desde el punto de vista del artista abordan temas científicos, culturales e históricos que insisten en lo salvaje, exótico y distante en contraste con Occidente. El mito del Otro y su naturaleza ajena se refleja claramente aquí.


En una de las últimas salas titulada ‘Memoria y resistencia’, me encontré con las obras de algunas de los artistas más reconocidas de esta exposición. Doris Salcedo (Bogotá, Colombia, 1958) da voz a las vidas perdidas y olvidadas debido a la guerra contra el narcotráfico, asegurando que permanezcan en la memoria colectiva mediante la displaciaón de objetos cotidianos. En este caso, observé una silla cargada de cemento.

Ana Mendieta (Cuba, 1948 – EE. UU., 1985) presenta una serie de fotografías que exploran la conexión entre el cuerpo y la naturaleza a través de sus performances y esculturas, llamando la atención sobre la violencia contra las mujeres en Estados Unidos. Mientras tanto, Tania Bruguera (Cuba, 1968) aborda la falta de expresión y libertad con dos piezas presentadas en esta exposición, que también se pueden ver a continuación.

Finalmente, ‘Estátua de la Libertad cayendo, 1983’ de la artista argentina Marta Minujín (Buenos Aires, 1943) fue creada para conmemorar la restauración de la democracia en Argentina.

La exposición organiza eficazmente las obras de arte en torno a temas clave relacionados con los artistas latinoamericanos, explorando temas como el racismo, la etnicidad, la clase y las fronteras. Muestra obras brillantes de artistas altamente reconocidos, arrojando luz sobre importantes problemas culturales y políticos que afectan a América Latina.
La relevancia histórica de Sevilla como puerto fluvial y su papel en el comercio transatlántico aportan un contexto valioso a la ubicación de la exposición. Esta exposición contribuye al paisaje cultural de Sevilla y sus conexiones históricas con América Latina.
En el siglo XVI, Sevilla era el principal punto de acceso al comercio transatlántico del Imperio Español, gracias a su posición como el único puerto fluvial de España y por ser una de las ciudades más grandes de Europa Occidental. Por ello, la elección de Sevilla como sede de esta exposición es significativa, ya que revitaliza el papel histórico de la ciudad como punto de conexión y destaca los profundos lazos culturales entre España y América Latina.


Deja un comentario