Anni Albers
Tate Modern, Londres, Reino Unido
11 de octubre de 2018 – 27 de enero de 2019
La semana pasada estuvimos en la Tate Modern visitando la exposición dedicada a Anni Albers (1899–1994), una artista que fusionó la tradición del tejido manual con el lenguaje del arte moderno, y que, en mi opinión, es una de las mejores muestras que se pueden ver en Londres en este momento. No os la perdáis, porque está a punto de terminar.
Con más de 350 objetos —desde estudios de pequeño formato hasta grandes tapices, piezas de joyería y tejidos diseñados para la producción en masa— la exposición explora el punto de encuentro entre arte y artesanía, entre tejido manual y producción industrial, entre técnicas ancestrales y estética moderna. Inaugurada antes del centenario de la Bauhaus en 2019, la muestra reconoce la enorme contribución de Albers al arte y al diseño contemporáneos.
Las piezas tejidas a mano que se presentan son sorprendentemente diversas en forma, color y escala. Da la sensación de que Albers pasó toda su vida experimentando —impulsando el diseño, la técnica y los materiales— sin renunciar nunca a un estilo absolutamente personal.
Cada obra parece un pequeño tesoro creado con enorme cuidado y profunda reflexión. Transformó objetos cotidianos en joyas preciosas y exploró una gran variedad de texturas y materiales, logrando resultados tan interesantes como inesperados.
Me atrajeron especialmente los grandes tapices con sus refinados patrones abstractos, así como las piezas de pequeño formato, que revelan una atención al detalle extraordinaria. Además, hay una sala central amplia que muestra tapices similares a estores japoneses, que elegimos como fondo para nuestras fotos, perfectos para reflexionar sobre el espacio del arte contemporáneo y sobre cómo el cuerpo interactúa dentro de él.
Nacida en Berlín a comienzos del siglo XX, Annelise Else Frieda Fleischmann ingresó en la Bauhaus en 1922, donde conoció a su marido Josef Albers y a otras figuras clave del modernismo como Paul Klee. La Bauhaus —activa entre 1919 y 1933— ejerció una profunda influencia en el desarrollo del arte, la arquitectura, el diseño y la tipografía modernos. Aunque la escuela aspiraba a la igualdad de género, las mujeres seguían siendo desanimadas a estudiar ciertas disciplinas, como la pintura. Albers comenzó a tejer casi por casualidad, pero fue en el textil donde encontró su verdadero medio de expresión, al que dedicó la mayor parte de su carrera.
Con el ascenso del nazismo y el cierre de la Bauhaus, Albers se trasladó a Estados Unidos en 1933, donde enseñó durante más de 15 años en el experimental Black Mountain College. Durante ese tiempo viajó con frecuencia a México, Chile y Perú, donde reunió una amplia colección de textiles precolombinos. Tanto en su obra como en sus escritos, amplió la geografía del arte moderno, recurriendo a fuentes africanas, asiáticas y de las Américas indígenas.
Visitar la exposición fue una experiencia estimulante, y creo que también lo será para quienes disfruten del arte moderno, la artesanía y el diseño tanto como yo.









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