Katharina Grosse
I Set Out, I Walked Fast
White Cube Bermondsey, Londres
22 de abril – 31 de mayo de 2026
Destacada en Contexto Reino Unido
Entrar en la exposición de Katharina Grosse en White Cube Bermondsey es abandonar la contención habitual de ese espacio para encontrarse con algo visceral e inmediato. Te envuelven pigmentos de alta frecuencia y cruzas un umbral donde la distancia entre el ojo y el lienzo deja de existir. Esto no es una muestra de pinturas. Es un enfrentamiento con el color como fuerza física.
Desde finales de los años noventa, Grosse trabaja principalmente con pigmentos acrílicos y una pistola de pulverización industrial, extendiendo su práctica mucho más allá del lienzo hacia edificios abandonados, jardines públicos y costas marinas.
Informada por un período temprano en Florencia, donde la artista quedó fascinada por la inseparabilidad de la pintura al fresco de la vida cotidiana y la arquitectura, se ha convertido en una figura clave en la convergencia entre pintura y land art en el circuito internacional.
El título de la exposición está tomado de Jane Eyre (1847), de Charlotte Brontë. Releyendo la novela en su estudio de Nueva Zelanda, Grosse quedó impresionada por el movimiento continuo de Jane y por cómo el simple acto de caminar impulsa toda la historia. La exposición toma esa lógica como estructura propia, reuniendo pinturas de distintos períodos en un entorno único e interconectado que, en sus propias palabras, «casi repinta» las obras.


La pistola de pulverización es central en el lenguaje visual de Grosse. Extiende su cuerpo más allá de su alcance físico, registrando no sólo la imagen sino también el movimiento, y proponiendo una correlación directa entre el acto de mirar y el acto de pintar.
La artista ha citado su exposición temprana al teatro callejero y al teatro experimental como influencia formativa: producciones que desmantelaban la frontera entre el escenario y el público. Su comprensión del tiempo sigue una lógica similar, no lineal y vertical, en la que las nuevas ideas actúan sobre lo que vino antes y sobre lo que vendrá después.
En la South Gallery, los grandes «paisajes» demuestran el dominio de Grosse sobre las técnicas de plantilla y enmascaramiento desarrolladas a partir de la década de 2010. Son las obras de mayor impacto visceral. Al acercar la pintura al cuerpo del espectador, esquivan lo lógico y operan más cerca del subconsciente.





Para Grosse, el color no es descriptivo ni simbólico. Funciona como una fuerza transformadora que actúa sobre la percepción, alterando cómo se siente un espacio más que cómo se ve.






La instalación in situ de la North Gallery, la imagen más difundida de esta exposición en redes sociales, apila color directamente sobre el suelo junto a montículos de tierra y una escultura en bronce fundido. La riqueza de texturas es innegable, aunque esta sala fue la que menos me conmovió personalmente.




The Art Berries están especialmente interesadas en las prácticas que interrogan nuestra forma de habitar el mundo. La obra de Grosse no encaja del todo en esa premisa, pero su contribución no es por ello menos significativa ni válida. Reencuadra la pintura como catalizador de la percepción emocional, operando como una verdadera activista del medio en sí mismo.
Dentro de la serie Encounters de The Art Berries, Art Blueberry realizó una intervención gestual junto a varios de los grandes lienzos en respuesta a la energía que proyectan. Esta acción, en la que participaron sus hijos, está moldeada por los mismos instintos espaciales y performativos que la propia Grosse ha citado como fundamentales en su obra: una forma intuitiva de habitar el arte que refuerza la convicción de que este es una experiencia compartida entre generaciones.


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