Kemang Wa Lehulere: Not Even the Departed Stay Grounded (Ni siquiera los difuntos se quedan en tierra)
Galería Marian Goodman, Londres, Reino Unido
13 de septiembre – 20 de octubre de 2018
Visitamos esta exposición hace un par de semanas en la galería Marian Goodman de Londres, y quería presentaros a un artista que se está convirtiendo en una de las voces contemporáneas más relevantes de Sudáfrica.
Al entrar en la galería, me encontré con una serie de instalaciones y dibujos realizados con madera, metal, tiza, vidrio y cuerda, presentados en blanco y negro o en sus materiales originales. La muestra transmitía un mensaje social muy contundente, pero el artista no descuida en ningún momento la dimensión estética. Es más, utiliza la belleza formal para reforzar el discurso político, algo que valoro especialmente. Me interesan las exposiciones con un contenido socio-político, sobre todo en estos tiempos, pero tengo predilección por aquellas obras que, además, resultan visualmente sugestivas.
Kemang Wa Lehulere nació en Ciudad del Cabo y empezó a destacar en 2006 con Gugulective, un colectivo comprometido con la comunidad que cofundó junto a su colaborador artístico de la infancia, Unathi Sigenu, en la antigua zona de Gugulethu. En esa etapa, su trabajo se centraba en acciones performativas vinculadas al activismo social, como la creación de panfletos para cuestionar las historias locales o la puesta en marcha de emisoras de radio pirata de carácter intervencionista. Solo después de varios años de activismo comenzó a producir objetos escultóricos y dibujos como extensión o residuo de esas acciones performativas, y más tarde completó su formación artística formal, graduándose en 2011.
A partir de esos años formativos, Wa Lehulere articula en sus obras sentimientos de inquietud posterior al apartheid y otras tensiones sociopolíticas, recreando lo que él denomina “escenas borradas” de la historia sudafricana.
Entre los elementos característicos de su práctica se encuentran mensajes en botellas, perros de cerámica con forma de esfinge y casitas de pájaros que simbolizan los desalojos forzosos durante el apartheid. También había grandes pizarras cubiertas de dibujos de tiza y objetos suspendidos por cordones desde el suelo hasta el techo. Sin embargo, sus piezas más contundentes siguen siendo los pupitres escolares recuperados y reconfigurados—estructuras de madera y metal que hacen referencia a las manifestaciones estudiantiles de 1976.
Su interés por el pueblo dogón de Malí y su conocimiento astronómico tradicional también estaba presente. Varias obras aludían a la controversia en torno al conocimiento del pueblo dogón sobre Sirio B, una estrella enana invisible a simple vista y desconocida para la astronomía occidental hasta tiempos recientes. Wa Lehulere utilizó cordones para formar constelaciones, un gesto que apunta tanto al repudio racista de estos saberes africanos como a la repetida negación de oportunidades para los jóvenes sudafricanos negros de hoy.
Esta exposición demuestra que el arte es una herramienta poderosa para expresar nuestras preocupaciones sobre el mundo en que vivimos, y que artistas como Wa Lehulere lo consiguen mediante un lenguaje visual profundamente personal, eficaz y estéticamente fascinante.








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