Un descubrimiento arqueológico moderno

No habíamos planeado visitar esta exposición; la encontramos por casualidad. Sin embargo, resultó ser una sorpresa tan agradable que merecía la pena comentarla aquí, aunque sea a posteriori.

Al entrar en Frith Street Gallery, en Golden Square, nos encontramos con la primera parte de la muestra: una instalación formada por cinco esculturas que evocaban formas hermaicas (un herma es un pilar de piedra cuadrado coronado por una cabeza tallada, utilizado en la antigua Grecia como hito o señalización). Talladas en mármol y ónix procedentes de las canteras de Serravezza y Pietrasanta, estas figuras parecían a la vez clásicas y sorprendentemente contemporáneas. Vestidas como maniquíes, sus cuerpos inmóviles y sin brazos recordaban al Monumento a Balzac de Rodin. Al situarte entre ellas, resultaba imposible no fijarse en la nobleza del material —sobre todo el mármol— y en la quietud contemplativa que emanaban sus poses.

A medida que avanzábamos por la galería, aquella primera sensación de calma se transformó en un ambiente más dinámico y enérgico. El espacio principal estaba lleno de maniquíes producidos por Rootstein, el fabricante líder mundial. Hechos de plástico y predominantemente blancos —como si su color se hubiera desgastado, dejando solo leves toques de azul y marrón—, parecían inmersos en un baile o en algún ejercicio físico, al estilo de los jóvenes espartanos de Young Spartans Exercising de Degas. Su escala humana hacía del conjunto una invitación abierta: casi parecía posible unirse a su coreografía.

Para conectar estos dos grupos de figuras, la exposición incluía también una serie de tapices o colgantes de pared compuestos por recortes de tejidos. Silver los creó mientras observaba a una bailarina en su estudio, convirtiendo esas formas en respuestas abstractas a un cuerpo moviéndose en el tiempo y el espacio.

La exposición continuaba en el otro espacio de Frith Street Gallery, en Soho Square, aunque no pudimos visitarlo ese mismo día. Según la galería, esa parte presentaba un cambio de escala —obras más íntimas talladas en mármol o modeladas en arcilla, algunas expuestas sobre una mesa cubierta con telas drapeadas—.

Daniel Silver es un artista afincado en Londres y conocido principalmente por sus esculturas figurativas. Su práctica está profundamente influida por el arte de la antigua Grecia, la escultura modernista y la teoría psicoanalítica freudiana. Trabajando con materiales como hormigón, bronce, mármol, piedra, madera y arcilla, Silver crea obras que a menudo parecen monumentos o tótems, como si pertenecieran a una excavación arqueológica. Sus figuras hablan de la intimidad del tacto y de la memoria que habita en los materiales. Explorando y manipulando la figura humana —a veces con brutalidad, otras con gran sensibilidad—, Silver se mueve entre estilos como un analista y un arqueólogo, examinando el impacto físico y emocional del cuerpo y su representación.

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