Una época perdida

Soheila Sokhanvari: Rebelde rebelde
The Curve, Barbican Centre, Londres, Reino Unido
7 Oct 2022—26 Feb 2023

Hace poco visitamos la exposición de Soheila Sokhanvari en The Curve, una de las galerías de arte del Barbican Art Centre de Londres. Hacía tiempo que no iba, así que fue un placer redescubrir este espacio, que ofrece una amplia programación cultural y resulta muy acogedor durante los meses de invierno.

Al entrar en la exposición y recorrer la galería de 90 metros —con luz tenue y paredes pintadas a mano con formas geométricas islámicas— empiezas a encontrarte con los veintisiete pequeños retratos de iconos feministas del Irán prerrevolucionario, pintados según la tradición de la miniatura persa, en temple al huevo sobre vitela de becerro y con un pincel de pelo de ardilla.

La muestra ofrece una experiencia íntima e inquietante, ya que invita a descubrir la vida de estas mujeres acercándote a las pinturas y a sus detalles coloridos, aun sabiendo que todo pertenece a una época perdida. Las obras tienen un tamaño reducido y se presentan sin nombres ni datos biográficos —solo números pintados— en marcos oscuros sobre los murales verdes de cristales geométricos.

El estilo de moda y los papeles decorativos representados en estas pinturas, así como el espejo fragmentado que se encuentra al inicio del pasillo, me hicieron pensar inmediatamente en la década de 1970. De hecho, el título de la exposición “Rebel Rebel” toma prestado el de la canción de culto de David Bowie de 1974 y rinde homenaje al enorme valor de estas veintisiete mujeres, que desarrollaron sus carreras en una cultura fascinada por la estética occidental, pero no por sus libertades.

Entre ellas se encuentran Roohangiz Saminejad, la primera actriz sin velo que apareció en una película en lengua persa y que, tras la revolución, tuvo que cambiar su nombre y vivir en el anonimato y la reclusión; la controvertida poeta modernista Forough Farrokhzad; y la destacada intelectual y escritora Simin Dāneshvar, entre muchas otras. El título también funciona como un lamento por el destino de estas mujeres después de la Revolución iraní de 1979, cuando el establecimiento de una teocracia islámica conservadora las dejó frente a una dura elección: renunciar a su vida pública o verse obligadas a exiliarse. Una decisión difícil que afectó no solo a ellas, sino también a muchos otros en los años posteriores.

La banda sonora que acompaña la exposición, compuesta por Marios Aristopoulos, entreteje canciones de célebres cantantes iraníes de mediados del siglo XX, como Ramesh y Googoosh, un gesto conmovedor dado que sigue siendo ilegal transmitir la voz de una mujer en Irán. La muestra culmina con una gran y extravagante estructura escultórica hecha de espejos, suspendida del techo y con proyecciones internas tomadas del cine iraní clásico.

Los iconos feministas representados parecen tan occidentalizados que casi cuesta creer que se trate de mujeres iraníes. No obstante, merece la pena contemplar estos cuadros antes de profundizar en sus historias personales: pueden apreciarse en todo su esplendor visual antes de conocer el destino que les aguardó tras la Revolución Islámica. Muchas artistas de su generación optaron por “arrepentirse” y seguir colaborando con el régimen según sus agendas. Sin embargo, la mayoría de las mujeres retratadas en esta exposición eligieron mantenerse fieles a sus creencias, aunque ello implicara desaparecer de la vida pública. Por ejemplo, Simin Dāneshvar continuó escribiendo después de la revolución y se negó a cooperar con el régimen cada vez que intentó utilizarla con fines propagandísticos.

Esta exposición resulta especialmente oportuna ahora que los disturbios en Irán ocupan los titulares de todo el mundo. Cuarenta y tres años después de la revolución, la situación de las mujeres en el país no ha hecho más que empeorar. Varios iraníes han sido condenados a muerte durante las protestas nacionales provocadas por la muerte de Mahsa Amini, de 22 años, tras ser detenida por la policía de la moral por supuestamente no llevar bien colocado el hiyab. Aunque cueste creer que el régimen actual vaya a caer tras estas protestas, el cambio es más que necesario, así que crucemos los dedos.

Entrada: gratis.

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